El teaser: un primer vistazo al recuerdo de tu boda

Nadie pregunta el nombre del editor, algunas veces el del productor. Cuando vamos al cine estamos atentos a los actores y, muchas veces, tenemos algún director de nuestra preferencia. Pero sería casi imposible encontrar a una persona que, cuando estemos saliendo de la sala, diga: «la edición de esta película es impecable».

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El vestido por la ventana

 

¿Cómo traducimos Trash the Dress? ¿Tirar el vestido por la ventana? ¿Tiene sentido? Tomas tu vestido de novia, ese que tanto te gusta, ese que te acompañó hasta el altar, ese que te tomó tanto tiempo encontrar y al que tantos ajustes hiciste, ese que era perfecto para ti; bueno, lo tomas y lo destruyes en una sesión de fotos. Después de todo es un vestido que solo usarás una vez, ¿no? En lugar de guardarlo lo empleas para una toma inolvidable. Es cierto, esto parece un poco exagerado.

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Un Trash The Dress para recordar (por Isa)

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Para mí, lo más bello que tiene Venezuela son sus pueblos. Los pueblos y su gente; los niños que, a pesar de la situación, juegan en las calles con sus vecinos; los hombres que se sientan a ver pasar las horas dispuestos a conversar con quienes pasan; las mujeres que te cuentan sobre sus numerosas familias sin razón aparente.

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Amor y aventura: una boda en la isla de Coche

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A las orillas del océano se inician los grandes viajes. Las olas y la brisa convocan al hombre a mirar más allá del horizonte. Daniel es un trotamundos, Aurelia asegura que cada fin de semana se embarca con él en una nueva aventura. Con esa alegre inquietud rememoramos los días felices cuando celebraron su boda, una celebración sencilla. A pesar de tener ocho años viviendo fuera de Venezuela, ellos hicieron de su país natal el escenario perfecto para su matrimonio.

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¡Hicimos un Trash the Dress en Bimbolandia!

Esa tarde, cuando salimos con nuestros equipos de vídeo hacia Bimbolandia, estábamos un poco nerviosas. Todos en la oficina estaban ansiosos por ver cómo quedaría un Trash diferente y tanta expectativa nos tenía un poco preocupadas.  Pasamos todo el camino pensando cómo aprovechar esta oportunidad para hacer algo fuera de lo común, pero en cuanto nos encontramos con los novios y entramos al parque, solo podíamos pensar en las ideas y sentir las ganas de hacer algo increíble.

Eilyn y Ricardo fueron los extraordinarios protagonistas de un día de revivir los buenos recuerdos de la infancia. Subimos al carrusel, jugamos en los carritos chocones, ellos comieron helado y vieron la ciudad desde la rueda de la fortuna. Se divertían a cada momento y nosotros con ellos.

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Una boda en Europa

 

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Esperábamos el avión que nos llevaría a Margarita en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía «Simón Bolívar». El vuelo se había retrasado pero aprovechamos el tiempo para conocer a una chica alemana, Sina. Casualmente ella viajaría con nosotros. En ese momento no sabíamos que se convertiría en la protagonista de esta historia.

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Elise + Sergio en Washington

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Washington.-

Si bien todas las parejas son especiales para nosotros, Elise Lang y Sergio Chwoschtschinsky tienen algo distinto y es que ambos son como de la familia, así que además de documentar su boda también fuimos invitados a ella.

Sergio creció en Venezuela y se mudó a Louisiana para estudiar inglés. Allí conoció a Elise, quien trabajaba en el sector de la salud y era una de sus compañeras de apartamento. Tres años después de algunas mudanzas y muchas cenas preparadas por Sergio, se casaron por el civil, así que ya tenían algunos meses como esposos cuando la boda religiosa tuvo lugar. Sin embargo, para ambos era importante el rito matrimonial pues crecieron bajo los principios de la religión católica.

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Muchos de los invitados vivían fuera de Estados Unidos y viajarían únicamente para acompañarlos en su gran día, por lo que era fundamental el poder compartir la mayor cantidad de tiempo posible con ellos. Querían un lugar cerca de Washington, con un estilo country y mucho verde, así que no pudieron encontrar una mejor opción que East Lynn Farm, donde tuvieron la opción de alquilar una pequeña granja durante todo el fin de semana y tenerla solo para ellos y sus invitados.

Ambos estuvieron muy atentos a los detalles y mucho de lo que vimos estuvo completamente a cargo de ellos, incluso el día antes de la fiesta, todas las damas de honor y Elise recogieron flores de la granja para hacer los bouquets, boutonnieres y centros de mesa, todo con un toque y un estilo muy personal.

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El gran día llegó y todos se conectaron con la energía del matrimonio. La madre y la hermana de Elise la ayudaron a arreglarse, no había maquilladores ni estilistas así que todo resultó muy íntimo. Por su parte, Sergio no esperaba poder estar acompañado por tantos amigos venezolanos de su infancia quienes se prepararon junto a él para la boda. Sus boutonnieres eran pequeñas flores naranja que tomaron el día anterior de la granja, uno de los colores favoritos de Elise. Una vez todos estuvieron listos, salimos a la ceremonia en la Holy Trinity Catholic Church.

La Iglesia era impactante, impoluta, con una arquitectura llena de líneas, muy blanca y minimalista. Allí nos pasó algo que pocas veces ocurre, y es que no teníamos permitido grabar más allá de dónde estaban los invitados, es decir, nada de estar muy cerca del altar. Además, los novios estaban ubicados a un lado del altar y pocas veces pasaban al centro. Fue un desafío y una oportunidad para estimular la creatividad, así que utilizamos los costados de la iglesia, distintos lentes y, por supuesto, el balcón con la particular lámpara de araña que estaba colgada muy cerca.

De allí fuimos de regreso a East Lynn Farm. Nuestro equipo de fotografía tomó el mando de la situación y comenzamos con los retratos. Queríamos aprovechar varios lugares de la granja, así que hicimos las fotos familiares y con amigos en un bosque cercano, y algunos retratos con el cortejo en la casa principal. Las chicas del cortejo tuvieron la oportunidad de divertirse mucho y hacer muecas mientras las fotografiábamos.

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Elise y Sergio abrieron la fiesta con su primer baile y luego todos los invitados se les unieron en la pista. El lugar era muy distinto a lo que podríamos estar acostumbrados. El salón estaba construido completamente de madera y decorado con luces, con un enorme y elegante candelabro que guindaba del techo, pero muy parecido a un granero por fuera.

Dado que es tradición tener una hora loca en Venezuela (y no hay nada más divertido que hacerla), Elise y Sergio no podían dejarla de lado. A eso de las 9:00 pm, comenzaron a lanzar sombreros, máscaras, boas y muchas otras cosas brillantes a los invitados. Todos se disfrazaron y bailaron, incluyendo a los novios: Sergio usó un casco muy parecido al de los gladiadores y Elise un sombrero divertido decorado como la bandera de Venezuela.

Fue definitivamente una experiencia en la que lo ameno y el éxtasis del disfrute trascendió las distancias de lo multicultural, una experiencia única para ellos y una experiencia única para nosotros. Les estamos eternamente agradecidos por escogernos. Los invitamos a ver su video:

 

También agradecemos a nuestro equipo por todo el trabajo que hicieron:
Priss, Alessandro y Verónica en video, Pedro en fotografía, Feto y Shadia en edición.

Algo Nuevo

El tiempo jugaba a nuestro favor. Faltaban 45 minutos para que comenzara la ceremonia y Aurelia ya estaba lista. Yma, nuestra productora estrella, había salido un rato antes en busca de locaciones para fotografiar. Llegó con fotos de cada espacio que visitó; nos mostró muelles, fachadas, ruinas, salinas y más. El muelle nos cautivó.

Un taxista nos esperaba en el lobby. Aurelia se puso sus zapatos de goma y una bata encima del vestido. Salimos de la habitación con cuidado de no encontrarnos con Daniel, que se arreglaba en el mismo hotel.

Llegamos al muelle en poco tiempo. Luego de 20 minutos de disparos incansables, y solo después de haber exprimido hasta la ultima gota del lugar, dimos por terminada la sesión. Debíamos regresar rápido al hotel, así que con un paso apresurado, marchamos en dirección al carro.

Antes de llegar, dos voces inesperadas surgieron a un lado del camino. No logré escuchar lo que decían. Me detuve mientras hacía un paneo para encontrar a quiénes pertenecían esas voces. Detrás de mí venía Aurelia, sin parar el paso, y riéndose tímidamente, pero con la mirada fija en dos señores locales que estaban sentados en la acera. Ambos la veían con fascinación.

Uno de los hombres se levantó y se acercó a ella, llevaba en su mano una cinta y extendió el brazo hacia Aurelia. Ella se detuvo y le sonrió al hombre.

En ese momento entendí lo que estaba por suceder y TENÍA que documentarlo. La cámara colgaba de mi cuello, pero mis manos estaban ocupadas, pues estaba cargando algún estabilizador del equipo de video. Torpemente tomé la cámara y me dispuse a fotografiar con una sola mano.

Aurelia extendió el brazo y con mucha ternura recibió el obsequio que el hombre le ofrecía. Sin haberlo pedido, y mucho menos imaginado, Aurelia había recibido algo nuevo que la acompañaría el día más soñado de su vida.

Todo sucedió tan rápido que solo tuve chance de hacer dos disparos. Pero antes de irnos, y como gesto de agradecimiento al señor, Aurelia tomó la cinta con ambas manos y la amarró a su cabeza, arruinando lo que quedaba de su peinado. Y así fue como, sonriendo a la cámara, me regaló un tercer disparo y el privilegio de presenciar un gesto muy conmovedor.

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Por: ISA